OpenAI asegura haber resuelto un problema matemático de 200 años y un académico denuncia que se atribuyó su mérito
OpenAI sacudió esta semana a la comunidad científica al anunciar que uno de sus modelos de inteligencia artificial habría resuelto las ecuaciones de Navier-Stokes, uno de los siete Problemas del Milenio formulados por el Clay Mathematics Institute y cuya resolución está premiada con un millón de dólares. Sin embargo, el anuncio vino acompañado de una agria disputa por la prioridad del hallazgo, que enfrenta a la compañía liderada por Sam Altman con dos matemáticos que aseguran haber llegado antes a avances clave.
Las ecuaciones de Navier-Stokes describen el comportamiento de fluidos como el aire y el agua, y tienen aplicaciones en campos tan diversos como el diseño de aeronaves, la predicción meteorológica y el estudio del flujo sanguíneo. Según OpenAI, su nuevo modelo —aún no lanzado al público— demostró que estas ecuaciones pueden fallar con el paso del tiempo, dando respuesta al problema tal como fue planteado por el Clay Mathematics Institute. La compañía inició el entrenamiento del modelo a finales de agosto y, tras dedicar más de 50 horas con alrededor de mil agentes de IA trabajando de forma autónoma, obtuvo la solución formalizada en Lean, un lenguaje de programación utilizado para verificar pruebas matemáticas.
El matemático e investigador de OpenAI Sébastien Bubeck explicó en una rueda de prensa que la empresa decidió intensificar sus recursos al conocer rumores de que Anthropic, su competidora, también estaba avanzando en el problema. "Pensé que debía haber algún error", declaró Bubeck al describir el momento en que el modelo alcanzó la solución definitiva. El coste computacional del proceso, según Mark Chen, director de investigación de OpenAI, alcanzó "millones de dólares".
La controversia estalló pocas horas antes del anuncio. El lunes, Tristan Buckmaster, matemático de la Universidad de Nueva York, y Levent Alpöge, investigador de Anthropic, publicaron documentos con avances significativos en tres ecuaciones relacionadas con Navier-Stokes, un trabajo asistido por IA en el que emplearon modelos como Claude y Codex. En una declaración pública, Buckmaster acusó a OpenAI de haberse interesado por el problema solo después de conocer su investigación y de haber adoptado un enfoque similar al que él y Alpöge habían desarrollado.
Buckmaster fue más allá y aseguró que pidió explicaciones a los directivos de OpenAI sobre si la empresa había accedido a sus registros de Codex. Según su relato, le respondieron que el modelo "no consulta datos de usuarios", pero que no obtuvo respuesta sobre posibles usos de su trabajo en el entrenamiento. El matemático también afirmó que OpenAI propuso que publicara un artículo anunciando que el problema había sido resuelto por un modelo interno de la compañía, pero sin incluir el nombre de Alpöge.
Desde OpenAI, Bubeck negó categóricamente cualquier acceso al trabajo del equipo rival. "Quiero ser muy claro: reconocemos la prioridad del trabajo de Levent Alpöge y Tristan Buckmaster en el problema de Euler no forzado y no tenemos más que felicitaciones para ellos por este logro monumental. Para ser claros, no usamos sus instrucciones ni su prueba para orientar a nuestros modelos o agentes", aseguró. No obstante, Ven Chandrasekaran, matemático del equipo, señaló que la solución de OpenAI es "significativamente diferente" en su naturaleza a la producida por Buckmaster y Alpöge.
El episodio pone de relieve una tensión creciente en la frontera entre la inteligencia artificial y la investigación matemática. A medida que los sistemas de IA asumen un papel protagonista en la búsqueda de demostraciones, los conflictos por la autoría y la prioridad podrían multiplicarse. Wired, que fue el medio que primero recogió las acusaciones de Buckmaster, advirtió de que la disputa podría prolongarse, mientras que la BBC recordó que la solución de OpenAI aún no ha sido verificada de forma independiente ni aceptada oficialmente por el Clay Mathematics Institute.
Por ahora, OpenAI ha indicado que no reclamará el millón de dólares del premio si su hallazgo se confirma, en un gesto que la compañía presenta como una contribución desinteresada al avance del conocimiento. La pregunta que queda en el aire es si la comunidad matemática aceptará el mérito compartido o si la carrera por atribuirse la resolución de uno de los problemas más difíciles de las matemáticas dejará cicatrices duraderas entre los protagonistas.
