Ocho proyectos cancelados de Ubuntu que explican la historia de Canonical

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Ubuntu es la distribución Linux más influyente del escritorio, pero Canonical, la compañía que la mantiene, acumula una larga lista de proyectos cancelados que ilustran hasta dónde llegó su ambición y dónde encontró sus límites. Bajo el liderazgo de Mark Shuttleworth, la empresa apostó de forma reiterada por construir una experiencia unificada que compitiera con los ecosistemas propietarios de Apple, Google y Microsoft, una estrategia que produjo ideas adelantadas a su tiempo, aunque también fracasos sonados.

El recorrido por esos proyectos cancelados comienza con Unity, el escritorio propio que en 2011 sustituyó a GNOME por defecto y que introdujo elementos como el lanzador lateral o el Dash. La fractura que generó en la comunidad se agravó cuando Unity se convirtió en la base de la convergencia, un único sistema operativo para móvil, tablet y PC que Canonical canceló en 2017 por su coste y la falta de aplicaciones y fabricantes aliados. Antes incluso, Ubuntu Touch y los Ubuntu Phone habían intentado saltar al mercado móvil con dispositivos como el BQ Aquaris, sin conseguir masa de usuarios frente a Android e iOS.

A esa lista se suma Ubuntu Edge, la campaña de crowdfunding de 2013 que recaudó 12 millones de dólares pero no alcanzó los 32 millones necesarios para fabricar un smartphone convergente. Ubuntu One, lanzado antes que iCloud o Google Drive, cerró en 2014 incapaz de competir con los gigantes de la nube. Mir, el servidor gráfico propio de Canonical, quedó relegado al Internet de las Cosas cuando Wayland se impuso como estándar compartido. Wubi, el instalador de Ubuntu desde Windows, no fracasó, sino que dejó de ser necesario con la llegada de UEFI, las máquinas virtuales y el subsistema Linux de Windows. Ocho proyectos que, en conjunto, dibujan la cara menos conocida del éxito de Ubuntu.