Nvidia y la apuesta arrieszada del capital de la IA

Fuentes: Nvidia’s Risky Business

Ben Thompson traza en Stratechery un paralelo histórico entre la crisis financiera que desató el ferrocarril Northern Pacific en 1873 y el actual ciclo de inversión en infraestructura de inteligencia artificial. Recuerda cómo Jay Cooke financió la expansión del ferrocarril mediante emisiones masivas de bonos apoyadas en la venta minorista y el patriotismo, hasta que su quiebra provocó el pánico bursátil de 1873 y una depresión de años. El artículo sostiene que la magnitud económica es comparable: los 600.000 millones de dólares que las grandes tecnológicas prevén invertir en 2026 equivalen, ajustados al tamaño de la economía, a los 500 millones anuales que iban a bonos ferroviarios en los años setenta del siglo XIX. A diferencia de Meta, Alphabet, Amazon y Oracle, que entre 2025 y julio de 2026 ya han captado 194.000 millones en deuda para infraestructura, Microsoft conserva un flujo de caja libre sustancial gracias a que su CapEx no se financia con deuda, lo que elogiaron tanto el director financiero como el consejero delegado Satya Nadella, que citó precisamente el libro 1873, de Liaquat Ahamed. Google, por su parte, anunció en junio una ampliación de capital de 85.000 millones, con una inyección singular de 10.000 millones de Berkshire Hathaway, descrita como señal de que la demanda será mayor de lo previsto. Sin embargo, SemiAnalysis afirma que Gemini ha dejado de ser un laboratorio de frontera tras la salida del cofundador Demis Hassabis y del jefe científico Jeff Dean, y vaticina que Google Cloud será el principal beneficiario interno. El texto deja abierta la pregunta sobre si Nvidia, como principal proveedor de chips, podría quedar atrapada en una espiral de deuda si la inversión se desploma.