Nvidia cerró su segundo trimestre fiscal con 96.200 millones de dólares en ingresos, un 106% más que un año antes y un 18% más que el trimestre precedente, y un beneficio neto de 59.688 millones, un 126% superior al de 2025. Pese a estos resultados récord, sus acciones cayeron levemente en Wall Street, en un contexto de creciente inquietud inversora ante una posible burbuja en torno a la inteligencia artificial. El fundador y consejero delegado, Jensen Huang, defendió que "la IA ha alcanzado su punto de inflexión" y describió una "época dorada" de nuevos laboratorios y startups, con un ecosistema de modelos abiertos y el avance de la IA física.
La compañía, valorada como la más cara del mundo en Bolsa, sigue siendo la dominadora del mercado de chips para IA. En el último lustro, su cotización ha pasado de unos 20 a 209 dólares, con una revalorización superior al 800%, aunque en lo que va de año apenas suma un 11%. Huang anunció alianzas con firmas de Wall Street para un plan de 500.000 millones que busca estandarizar la financiación de chips mediante fondos respaldados por activos.
Entre los focos de inestabilidad figuran el encarecimiento de servidores por la escasez de chips de memoria, una inversión de 6.000 millones en modelos propios para competir con alternativas chinas, la incertidumbre sobre la vuelta de ventas a China y la competencia de clientes como OpenAI y Anthropic, que avanzan hacia sus propios procesadores. Para el tercer trimestre, Nvidia prevé ingresos de unos 108.000 millones de dólares y gastos operativos cercanos a 9.200 millones.
