Una nueva generación de frutas modificadas genéticamente está a punto de llegar al mercado, gracias a avances en la edición genética como CRISPR y la inteligencia artificial. La empresa Pairwise, con sede en Carolina del Norte, lidera esta innovación, desarrollando frambuesas sin semillas y cerezas sin hueso, siguiendo el éxito de otras frutas como uvas, sandías y mandarinas fáciles de pelar. A lo largo de milenios, la domesticación ha transformado las frutas, aumentando su tamaño y dulzor, pero las nuevas técnicas permiten alteraciones más precisas que la cría convencional, sin necesidad de insertar ADN de otros organismos, lo que podría aumentar la aceptación del consumidor.
La inteligencia artificial está optimizando el diseño de frutas, permitiendo a los científicos predecir y manipular características complejas como el sabor y la apariencia. Empresas como GreenVenus están desarrollando aguacates que no se oxidan. Aunque el proceso de desarrollo lleva años, especialmente para árboles frutales, los tomates y las fresas son los más avanzados. El primer alimento editado con CRISPR fue un tomate japonés con mayor contenido de GABA, y recientemente, científicos chinos han creado tomates hasta un 30% más dulces. Se espera que estas innovaciones impulsen el consumo de frutas, especialmente bayas, y una regulación más clara podría acelerar aún más su adopción, como ya ocurrió en Argentina y otros países.
