No te referirás a extinguidos: programadores ante la era de los LLM

Fuentes: Don't you mean extinct?

En 1993, cuando Steven Spielberg vio la prueba de un Tiranosaurio rex fotorrealista generada por ordenador para Jurassic Park, el maestro del stop-motion Phil Tippett asumió que su oficio había muerto: «Me siento extinto», resumió. Aquel desplazamiento del stop-motion por el CGI es la metáfora que el texto emplea para analizar el impacto actual de los modelos de lenguaje generativos (LLM) en el trabajo de las personas programadoras y, por extensión, en el conjunto de la industria del software.

El argumento central es que los LLM constituyen una nueva herramienta, no un reemplazo total de la profesión. Igual que ocurrió con la web a mediados de los noventa, con la explosión de los gráficos por ordenador en los dos mil o con el «mobile first» en la década de 2010, cada generación ha atravesado una «r-evolución». Resistirse a adoptarlos tiene un coste claro: quienes rehúyen los agentes de programación producen menos y quedan rezagados.

El artículo repasa recursos para aprender a usarlos —el canal de vídeo de Andrej Karpathy y el libro Build a Large Language Model from Scratch, de Sebastian Raschka— y recoge las palabras de John Carmack, para quien «programar nunca fue la fuente de valor; resolver problemas sí lo es». A partir de ahí describe una práctica cotidiana de desarrollo asistido por LLM: alimentar ficheros de estilo (GEMINI.md, CLAUDE.md) con preferencias personales, revisar commits, exigir commits pequeños y bien redactados, automatizar una primera pasada de code review y mantener, aun así, la capacidad de leer el código y entender la arquitectura para no caer en «vibe coding» que genere un galimatías inmanejable. Reconoce, además, la fatiga mental y el «burnout» asociados a dirigir varios agentes en paralelo y elevar el nivel de exigencia en las revisiones.