El ingeniero y escritor Ploum publica un manifiesto personal en el que declara su rechazo a cualquier forma de interacción con sistemas de inteligencia artificial generativa, ya se llamen chatbots, LLM o herramientas similares. Su política, resumida en la frase «no quiero ningún tipo de interacción con eso», se traduce en una negativa tajante a leer textos generados por algoritmos, contemplar imágenes producidas por IA, ejecutar código escrito por un modelo de lenguaje o participar en discusiones cuya única fuente sea la salida de un chat.
Ploum argumenta que la escritura es un ejercicio de pensamiento y que, si el interlocutor no se molesta en redactar sus propias ideas, no merece el tiempo del lector. Defiende que los errores tipográficos forman parte de la identidad humana y que un prompt sin procesar dice más de una persona que cualquier respuesta pulida por un algoritmo. En el terreno visual, califica las imágenes generadas de «espeluznantes y feas», critica su uso en restaurantes y webs y las considera un filtro inmediato para identificar contenidos de mala calidad cultural.
Sobre el código, Ploum sostiene que cada línea escrita por un humano refleja una decisión ligada al negocio y al conocimiento del problema. Advierte de que introducir código generado vuelve los proyectos inman-tenibles, porque nadie puede entender qué hace ni por qué, y multiplica la dependencia de los LLM. Concluye que esa dinámica degradará muchos proyectos en pocos años y que la recuperación llevará décadas.
Cierra el ensayo subrayando que prefiere software en el que pueda confiar, entender y, si hace falta, modificar, principio que asocia al código abierto y a proyectos que se alejan de la burbuja actual de la IA.
