Dejar de contratar ingenieros junior no soluciona el problema que muchas empresas tecnológicas creen identificar, según el análisis de Francisco Trindja. El artículo rebate esta decisión, creciente en el debate actual sobre el impacto de la inteligencia artificial en el desarrollo de software, examinando los argumentos que la sustentan y las suposiciones erróneas que los sostienen.
El autor recuerda que la preferencia por contratar únicamente perfiles con experiencia ya existía antes de la IA, y la ilustra con su experiencia en una empresa donde la política de solo contratar seniors dejó tareas simples sin dueño. Tras abrir la contratación e incorporar becarios, varios de ellos terminaron rindiendo al nivel de los seniors contratados. El mismo razonamiento, trasladado ahora a la era de los agentes de IA, es la misma preferencia antigua con ropa nueva.
Trindja desmonta tres supuestos habituales. Primero, el de la rotación: las empresas necesitarán reponer personal y siempre será más rentable y rápido desarrollar a alguien interno que ya conoce los sistemas. Segundo, el de la rapidez del cambio: si la industria cambia tan deprisa, la experiencia es el activo que se devalúa, y quienes más tienen que desaprender son los seniors. Tercero, el de que el trabajo se reduce a escribir código: la función del ingeniero es entregar valor al cliente mediante el juicio técnico sobre el problema, algo que seguirá siendo necesario en mayor o menor medida.
El problema de fondo, señala, no está en los juniors ni en la IA, sino en cómo las empresas conciben la ingeniería como una fase aislada dentro del desarrollo de producto. Un equipo verdaderamente productivo tiene espacio para ingenieros de todos los niveles, incluidos los junior.
