NetHack, el videojuego de mazmorras lanzado en 1987, se ha convertido en un objeto de estudio para jugadoras, jugadores y programadoras por la vigencia de su diseño tras casi cuatro décadas. El artículo repasa las características que explican su longevidad: un modelo de objetos, monstruos y efectos coherente y sistémico —no un amasijo de reglas puntuales— que permite que prácticamente cualquier interacción imaginable tenga una respuesta coherente dentro del juego. Desde empuñar un cadáver de cockatrice como arma hasta escribir "Elbereth" en el polvo para ahuyentar enemigos, la aplicación registra casi toda acción posible del usuario.
Otro aspecto destacado es la función multijugador asíncrona, activa desde los años ochenta, que opera a través de los "bones files": cuando una jugadora muere en un nivel, su fantasma y su botín maldito se guardan en disco y otra jugadora puede encontrarlos después en una partida distinta. El título sigue programado en C, usa la biblioteca curses para comunicarse con el terminal mediante terminfo y se compila desde un tarball con pasos prácticamente idénticos a los de hace décadas.
El juego cuenta con mantenimiento activo por parte del DevTeam y forma parte de la colección del MoMA como pieza de software culturalmente significativa. En la práctica, NetHack funciona en equipos muy modestos y sigue recibiendo parches, lo que lo convierte en uno de los proyectos de software más longevos y vivos del ecosistema del código abierto.
