NASA y la empresa Katalyst Space Technologies confirmaron este miércoles el abandono definitivo de la misión de rescate del telescopio espacial Swift, tras los graves fallos de control de actitud que sufre el satélite Link, la nave diseñada para capturar al observatorio y elevar su órbita. La decisión pone fin a un ambicioso operativo que pretendía salvar al veterano Neil Gehrels Swift Observatory de una reentrada atmosférica prevista para finales de este año.
El telescopio Swift fue lanzado en 2004 con una misión inicial de dos años para estudiar estallidos de rayos gamma, pero su vida útil se extendió durante dos décadas gracias a su reconversión en un observatorio multifrecuencia de propósito general. Sin embargo, el reciente aumento de la actividad solar ha acelerado el deterioro de su órbita, empujándolo inexorablemente hacia las capas densas de la atmósfera terrestre.
Ante este escenario, la NASA adjudicó en septiembre pasado un contrato de 30 millones de dólares a Katalyst Space Technologies, una startup espacial, para desarrollar y lanzar el satélite Link, del tamaño de un frigorífico, equipado con dos paneles solares y tres propulsores eléctricos de xenon. Su plan consistía en alcanzar al Swift, capturarlo con tres brazos robóticos y elevarlo a una órbita más alta. La agencia otorgó a Katalyst un plazo extraordinariamente ajustado: apenas nueve meses para construir la nave y lanzarla antes del verano, en una ventana que, según fuentes de Ars Technica, obligó a los ingenieros a asumir riesgos técnicos que probablemente no habrían aceptado con un cronograma convencional.
El satélite Link despegó el pasado 3 de julio y durante sus primeras semanas en órbita todo parecía transcurrir según lo previsto. La situación cambió drásticamente a finales de julio, cuando la nave perdió el control de orientación y comenzó a girar descontroladamente. Katalyst no ha revelado la causa exacta, pero confirmó que dos de las tres ruedas de reacción, esenciales para el control de actitud, dejaron de funcionar. Los propulsores de gas frío, utilizados para ajustes finos de apuntado, también presentaron anomalías, dejando únicamente los tres propulsores de plasma como herramienta para intentar recuperar la orientación de la nave, que orbita la Tierra a casi 5 millas por segundo.
La compañía reconoció el miércoles que los "problemas de control de actitud en curso" impedirán a Link completar la captura y el impulso del Swift. Aunque la nave sigue con vida, su capacidad de maniobra es limitada. Katalyst anunció que aprovechará la autonomía restante del satélite para intentar acercarse al Swift y realizar al menos una demostración de su sistema de navegación de proximidad, lo que podría generar datos valiosos para futuras misiones de servicio en órbita.
Las reacciones institucionales reflejaron tanto la frustración como la valoración positiva del intento. El administrador de la NASA, Jared Isaacman, declaró que "este no es el resultado que buscábamos, pero no cambia por qué esta misión valía la pena intentarla", y defendió que la agencia debe estar dispuesta a "moverse rápidamente y asumir riesgos inteligentes cuando el rendimiento potencial lo justifique". Por su parte, el director de astrofísica de la NASA, Shawn Domagal-Goldman, reconoció que se trataba de "una misión de alto riesgo y alta recompensa, desarrollada en un cronograma sin precedentes impulsado por la actividad del Sol", y aseguró que los conocimientos adquiridos "valen la pena de cualquier manera".
La cancelación deja al telescopio Swift sin alternativa de rescate. Según informó The Verge, la NASA estima que, sin intervención, el observatorio reentrará en la atmósfera y se desintegrará durante el segundo semestre de este año, poniendo fin a más de dos décadas de contribuciones científicas. La pérdida supone el cierre de un capítulo significativo para la astronomía de rayos gamma, aunque la agencia confía en que las lecciones técnicas extraídas de la misión Link sienten las bases para futuros operativos de extensión de vida útil de satélites en órbita.
El desenlace plantea interrogantes sobre los límites del modelo de contratación rápida y los riesgos inherentes a las misiones de rescate orbital de última hora. Para Katalyst, el reto ahora es doble: maximizar el valor técnico de los meses de vida restantes del satélite Link y demostrar que, pese al fracaso del objetivo principal, la experiencia acumulada en este operativo pionero puede traducirse en capacidades comerciales para el emergente sector del servicio en órbita.
