Más de un millón de km² de permafrost en el Himalaya podrían multiplicar desastres como el de Nepal

Fuentes: bbc.co.uk, El Himalaya tiene más de un millón de kilómetros cuadrados de suelo congelado. La gran pregunta es si lo de Nepal es solo el principio

El 26 de agosto, una descomunal riada sin previo aviso arrasó el valle de Rasuwa, en Nepal, dejando cientos de fallecidos, miles de desaparecidos y decenas de infraestructuras destruidas. La catástrofe se originó, según el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD), en una avalancha de hielo y roca que se precipitó desde un glaciar de alta cota, al norte del pico Langtang Lirung, de más de 7.000 metros de altitud. El material cayó sobre el río Lhende Khola y, tras atascarse unos 20 kilómetros aguas arriba del puente Miteri, formó un lago improvisado que reventó poco después. Como explicó Binod Parajuli, jefe de la División de Previsión de Inundaciones de Nepal, a The Kathmandu Post, si el agua hubiera estado limpia, no habría causado este nivel de destrucción.

Lo ocurrido en Rasuwa no es un hecho aislado. Tiene un precedente inmediato que los expertos conocen bien: la rotura del lago glaciar South Lhonak, en el estado indio de Sikkim, el 3 de octubre de 2023. Aquel lago era considerado el mejor estudiado del Himalaya, con batimetría completa desde 2014, sifones de rebaje instalados en 2016 y una estación meteorológica automática operativa desde septiembre de 2023. Sin embargo, reventó sin previo aviso y provocó 55 muertos, 74 desaparecidos y más de 7.000 desplazados, además de arrasar por completo la presa de Teesta III, de 1.200 MW de capacidad. Un año después, un estudio publicado en Science identificó la causa: una morrena lateral congelada con 14,7 millones de metros cúbicos de permafrost que, al descongelarse, cayó sobre el lago y rompió la morrena frontal.

La conexión que preocupa a los científicos es que el Himalaya contiene alrededor de 1.003.000 kilómetros cuadrados de permafrost, según el inventario elaborado por Gruber y colegas, frente a los apenas 60.000-80.000 kilómetros cuadrados de glaciares. El problema, señalan los expertos, es que el permafrost "no es observable espacialmente y, por tanto, su presencia y sus posibles cambios se pasan por alto con frecuencia". A pesar de ello, existen datos gracias a la red de monitorización que China desplegó para asegurar el ferrocarril y la carretera entre Qinghai y el Tíbet: el terreno se está calentando entre 0,02 y 0,78 °C por década a diez metros de profundidad. Y como ya advirtió Gruber hace casi dos décadas, la degradación del permafrost en roca escarpada produce inestabilidades "inesperadas y sin precedentes en localización, magnitud, frecuencia y momento".

La BBC, por su parte, recoge que los científicos apuntan al colapso del glaciar como causa clave de las inundaciones que han afectado a Nepal y Tíbet, aunque aún no está claro qué provocó el colapso. Algunos expertos sugieren que un deslizamiento de tierra masivo podría haber arrastrado parte del glaciar consigo.

Los informes del ICIMOD sobre la región del Hindu Kush-Himalaya dibujan un escenario preocupante: el deshielo se ha acelerado y, para 2100, la zona podría perder entre un tercio y hasta el 80% de su volumen glaciar, dependiendo del escenario de emisiones. Hasta ahora, el mayor temor asociado a este proceso era la amenaza a la seguridad hídrica de unos 1.900 millones de personas. Pero los recientes desastres demuestran que la montaña puede deparar riesgos mucho mayores y más súbitos.

La pregunta que resuena en los valles del Himalaya es inevitable: lo ocurrido en Rasuwa, ¿es solo el principio? Con más de un millón de kilómetros cuadrados de permafrost sin monitorizar y una red de monitoreo insuficiente para anticipar estos eventos, los expertos advierten que la próxima tragedia podría llegar sin previo aviso, como ocurrió en Sikkim. El tiempo para reforzar la observación, los sistemas de alerta temprana y la cooperación regional corre, literalmente, junto con el agua que baja por las montañas.