Elon Musk ha experimentado una de las derrotas electorales más costosas en la historia de Estados Unidos, tras perder 20 carreras decisivas y ver caer sus acciones en Tesla y SpaceX tras gastar más de 400 millones de dólares en campañas republicanas. Según un análisis de WIRED y datos de The Guardian, el magnate tecnológico, que ha invertido casi 446 millones de dólares en grupos super PAC y candidatos alineados con los republicanos, ha visto su estrategia política fracasar por completo. La noche de las elecciones, Musk, que había sido un defensor activo de la administración Trump, se mantuvo en silencio durante gran parte de la noche, limitándose a publicar dos mensajes en su cuenta de X: "Los centros de datos en el espacio parecen bastante atractivos ahora mismo" y, una minuto después, "Adivino que mis láseres anti-electores en el espacio no funcionaron esta vez", acompañando la segunda frase con un emoji de hombros. Esta reticencia contrastaba con la intensidad de sus ataques previos contra los demócratas y las teorías de conspiración sobre la interferencia en las elecciones.
El contexto financiero de esta inversión es alarmante. Musk y su PAC, America PAC, destinaron más de 400 millones de dólares a campañas republicanas desde que Trump asumió el cargo, con casi 87 millones de ellos destinados específicamente a 42 carreras de elecciones intermedias. Además, canalizó más de 229 millones de dólares a otros grupos políticos, principalmente super PACs principales para la Cámara y el Senado. De cada dólar rastreado que Musk destinó a una carrera decidida, más de 99 centavos fueron invertidos en una carrera que perdió. En Texas, la carrera senatorial más costosa de la historia de EE. UU., Musk pagó directamente más que cualquier otro individuo. A través de Texas PAC, financiado por el Senado Leadership Fund, gastó 148 millones de dólares, de los cuales 79 millones se destinaron a atacar al demócrata James Talarico y 70 millones a respaldar al fiscal general Ken Paxton. En Michigan, donde el PAC gastó 9,2 millones de dólares en anuncios, Sherrod Brown recuperó el estado de Ohio y Abdul El-Sayed ganó Michigan, mientras que en Maine, Troy Jackson derrocó a Susan Collins, poniendo fin a su carrera de 30 años en el Senado. Solo Alaska permanecía sin resultado.
Las implicaciones de estas pérdidas van más allá de la simple pérdida financiera. El fracaso electoral en Texas, base de su imperio, amenaza con derribar el control republicano en el estado. Los demócratas ganaron la carrera senatorial, el cargo de gobernador y se espera que recuperen el control de la Cámara de Representantes. Esto pone en riesgo intereses estratégicos de Musk, que incluyen una planta de chips de SpaceX valorada en más de 16.800 millones de dólares, la flota de robotaxis de Tesla y el sitio de lanzamiento Starbase. Además, los demócratas tomarán el control de la oficina de exgobernador Greg Abbott, que administraba incentivos fiscales de más de 1.600 millones de dólares, y nombrarán a Nathan Johnson como el primer fiscal general demócrata en Texas en décadas. El fiscal general Ken Paxton, quien sobrevivió a un juicio de impeachment y tenía antecedentes de fraude en valores, será derrocado por el demócrata James Talarico.
El análisis de The Guardian señala que este fracaso podría marcar el fin de una era de regulación laxa y relaciones cercanas entre la tecnología y el poder político. Tras meses de Musk publicando ataques y amplificando teorías de conspiración, la comunidad demócrata ha reaccionado con una postura más firme. El senador Ed Markey, demócrata de Massachusetts, escribió en X que "necesitarán plantar nuevos bosques para todas las citaciones que estaremos imprimiendo", sugiriendo investigaciones futuras sobre las prácticas de Musk. La victoria de los demócratas en Michigan también incluyó la aprobación de una medida que prohíbe las donaciones políticas de utilities y grandes contratistas estatales, un movimiento que podría influir en la regulación de la influencia corporativa en la política nacional. En resumen, la inversión masiva de Musk en la política republicana se ha convertido en una pérdida significativa, no solo en términos financieros, sino en términos de poder político y influencia a largo plazo en Washington.
