Microsoft acumula en almacén miles de chips avanzados de inteligencia artificial que no puede poner en funcionamiento porque los centros de datos previstos para albergarlos aún no están terminados ni conectados a la red eléctrica. Así lo sugiere una investigación de The Guardian basada en documentos internos de la compañía, que apunta a una brecha amplia entre la capacidad de IA anunciada por Microsoft y la realmente operativa.
Según esos documentos, Microsoft se marcó como objetivo interno disponer de 1,8 millones de chips de IA instalados a finales de 2024. Casi dos años después, tras inversiones millonarias, la cifra se situaría en torno a los 2,2 millones, un volumen inferior al que estiman analistas externos a partir de los 10 GW de capacidad de centro de datos que la propia compañía ha declarado tener instalada. Esos cálculos elevan la horquilla hasta los 6,4 millones de GPU.
Microsoft no ha desmentido la discrepancia con cifras concretas y se ha limitado a señalar que el reportaje parte de datos incorrectos. La explicación más verosímil, según fuentes del sector, apunta a los cuellos de botella en permisos, construcción y suministro eléctrico: no faltan chips, faltan edificios donde enchufarlos. El caso del centro de datos Fairwater, en Wisconsin, ilustra el problema: su CEO, Satya Nadella, afirmó en abril que ya estaba operativo, pero imágenes satelitales indican que solo una pequeña parte de las instalaciones estaba concluida.
Este desfase es clave en el debate sobre la burbuja de la IA: si el gasto de los hiperescaladores estuviera lastrado por la falta de demanda, sería una señal de sobreinversión; en cambio, si el cuello de botella es de infraestructura, la demanda de cómputo continúa por encima de la oferta. En paralelo, Microsoft avanza en su silicio propio Maia para reducir la dependencia de Nvidia, Intel y AMD.
