Un análisis de Bloomberg divulgado esta semana arroja dudas sobre la fortaleza real del negocio de inteligencia artificial de Microsoft: alrededor del 70 % de sus ingresos por IA proceden de OpenAI, según estimaciones basadas en divulgaciones previas y en el crecimiento proyectado. Las acciones de Microsoft acumularon una subida cercana al 30 % en el último mes tras presentar resultados trimestrales que superaron las previsiones de Wall Street, con un crecimiento acelerado de su división de IA y flujos de caja sólidos pese al fuerte gasto de capital en nuevos centros de datos. Sin embargo, el consumo de GPU e infraestructura destinado a entrenar y servir modelos como ChatGPT sigue representando entre el 65 % y el 70 % del negocio de IA de Microsoft, mientras que Copilot, con millones de asientos de pago en Microsoft 365, aporta una proporción mucho menor. Esta dependencia es arriesgada: OpenAI pierde entre 10 000 y 20 000 millones de dólares al año frente a unos ingresos de 2 000 a 5 000 millones, y se mantiene a flote gracias a una ronda de inversores en la que Microsoft es uno de los principales, con aportaciones en efectivo, infraestructura y créditos de cómputo. En la práctica, las reservas de IA de Microsoft equivalen a la factura de cómputo de OpenAI empaquetada como ingresos, lo que convierte el crecimiento en inorgánico. Microsoft intenta diversificar con sus propios modelos MAI y con una mayor adopción empresarial externa, pero si ChatGPT no se convierte en el estándar de consumo de IA —por competencia de Claude o Gemini, regulación o rechazo social— Microsoft asumiría miles de millones en coste hundido y capacidad ociosa en centros de datos.
