El estudio Insomniac Games, responsable de la reciente saga de Marvel's Spider-Man —cuya influencia en la película Spider-Man: Brand New Day reconocieron Tom Holland y el director Destin Daniel Cretton—, presenta ahora Marvel's Wolverine, el primer videojuego del personaje desde los títulos mediocres de los años 2000. La historia reimagina la continuidad del universo: un Wolverine salvaje y desnudo es rescatado por Nathaniel Essex (Mister Sinister, recientemente anunciado como villano de la primera película de X-Men en el UCM), que opera el Team X, un grupo de liberación mutante. Los X-Men no existen como tales; sus componentes se reparten entre el Team X y la Escuela Mariposa, dirigida por Jean Grey, con un romance Wolverine-Grey insinuado. La jugabilidad se centra casi por completo en el combate, sin el equivalente del desplazamiento por Nueva York que definía los juegos de Spider-Man. El sistema de lucha, heredero de la serie Batman: Arkham, utiliza indicadores de color para diferenciar paradas y esquivas, pero conserva la misma estructura que Insomniac usó antes. La diferencia clave es la violencia explícita: las garras segregan sangre e incluso amputan extremidades, efecto potenciado por la respuesta háptica del DualSense. Sin embargo, el periodista señala que las garras de adamantium funcionan como los puños de Spider-Man o Batman, y un combate contra un Sentinel revela limitaciones —apenas reacciona a los cortes y exige pulsar Square repetidamente—, lo que impide capturar del todo el factor de curación ni la inmortalidad del personaje. La impresión tras las primeras horas es la de otro sólido título de superhéroes de Insomniac, aunque sin el impacto que los juegos de Spider-Man tuvieron en el cine.
