En un ensayo reciente de 6.500 palabras, Mark Zuckerberg, fundador de Meta, ha intentado trazar una visión positiva del futuro de la inteligencia artificial y responder al creciente malestar social que despierta esta tecnología. El texto defiende que cada persona dispondrá de un "agente personal" capaz de gestionar sus relaciones, salud, carrera, finanzas y aficiones, y de potentes herramientas creativas y empresariales impulsadas por IA.
El artículo examina críticamente esa propuesta. Argumenta que las relaciones se fortalecen con la inversión personal de tiempo y atención, algo que un agente automatizado no puede sustituir, por muy eficiente que resulte sugiriendo regalos o planes. Del mismo modo, el texto sostiene que la esencia de un pasatiempo —leer, tejer, hacer senderismo— reside en la experiencia vivida por quien lo practica, no en maximizar la productividad. La IA puede completar tareas, pero no puede replicar el placer de leer las primeras líneas de una novela, de aprender un oficio o de compartir una tarde de cocina con una hija.
Sobre la capacidad creativa que Zuckerberg promete, el artículo recuerda que las herramientas ya existen y que la recompensa está en dominarlas con el tiempo, no en producir resultados instantáneos. El texto también menciona otros puntos de fricción: el rechazo ciudadano a los centros de datos, el encarecimiento de la electricidad, las advertencias del director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, sobre pérdidas masivas de empleo, y los ataques recientes contra la vivienda del director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman. En conjunto, el artículo retrata el ensayo de Zuckerberg como un intento corporativo de desactivar la ira social ante la IA, ofreciendo una visión tecnocrática que, según la autora, vacía de sentido las relaciones, las aficiones y la creación humana.
