Maquinaria pesada y contratistas trabajan dentro y en los alrededores del Parque Nacional Big Bend, en Texas, como parte del plan de la Administración Trump para extender el muro fronterizo presidencial a través de uno de los parques nacionales más remotos del país. Vídeos publicados en redes sociales por grupos conservacionistas y activistas locales muestran la tala de vegetación cerca del río Grande, en el marco de un proyecto de seguridad fronteriza presupuestado en miles de millones de dólares que incluye barreras vehiculares, sistemas de vigilancia y la construcción de extensos caminos para patrullas en toda la región de Big Bend.
La obra ha generado rechazo bipartidista en el Congreso, así como la oposición de grupos ambientalistas, antiguos responsables del Servicio de Parques Nacionales y negocios turísticos locales, que advierten sobre daños a los ecosistemas desérticos y un cambio en el carácter del parque, que atrae a cientos de miles de visitantes cada año. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) defienden la infraestructura como necesaria para reforzar la seguridad en una franja de cientos de kilómetros en la frontera sur y alegan más de 89.000 encuentros con migrantes en el sector de Big Bend entre los años fiscales 2021 y 2025, además de decomisos de droga. Las cifras más recientes muestran, no obstante, una caída pronunciada: 148 encuentros en junio de 2026, frente a 412 en junio de 2023, y 1.509 en los primeros nueve meses del año fiscal 2026, un 85 % menos que en el mismo periodo del año fiscal 2023. La historia sigue en desarrollo.
