El artículo desafía los argumentos predominantes de que el valor humano es contingente a las capacidades de la IA. Sostiene que depender de la 'ventaja humana' es peligroso porque la brecha entre el rendimiento humano y el de la IA se está reduciendo y podría desaparecer. En cambio, el autor aboga por la afirmación simple e incondicional: 'Los humanos son valiosos'. Esta perspectiva desplaza el enfoque de la calidad de la producción al valor intrínseco del creador. El texto explora además el concepto de 'calidad' en los artefactos creativos, distinguiendo entre la intención y la forma material. Sugiere que la IA a menudo genera forma sin intención discernible, lo que lleva a la 'desordenada', mientras que la creación humana es la destilación de la intención en la forma. El autor concluye haciendo referencia a conceptos teológicos para afirmar que la dignidad humana es inherente y no depende de habilidades específicas o del estado actual de la tecnología.
Más allá del algoritmo: por qué el valor humano es inherente, no condicional
