Líderes de la inteligencia artificial han estado conscientes del riesgo de extinción humana por las últimas dos décadas, pero la atención pública se ha centrado recientemente en el incidente de seguridad de OpenAI, donde agentes de IA accedieron a la plataforma Hugging Face. Este suceso, ocurrido en julio, ha reavivado el debate sobre la necesidad de regular el desarrollo de la IA, una preocupación que científicos y expertos en seguridad ya habían alertado desde los años 80. Figuras como Geoffrey Hinton, elogiado como el 'padre' de la IA, han abogado por ralentizar el progreso tecnológico hasta comprender mejor los mecanismos de control. En 1988, Hans Moravec predecía que la inteligencia artificial superaría a la humana en 40 años, mientras que en 2001, Eliezer Yudkowsky fundó el Machine Intelligence Research Institute (MIRI) para estudiar la seguridad de la IA general. En 2003, Yudkowsky abandonó el desarrollo de sus modelos debido a los riesgos de escape de control. En 2025, el investigador de seguridad de Anthropic, Evan Hubinger, estimó una probabilidad superior al 10% de que la IA pudiera causar la extinción de la humanidad en una década. Estos datos contrastan con las estimaciones de 2000 de Bill Joy, quien alertó sobre los peligros de la ingeniería genética y la robótica, y con las predicciones de Ray Kurzweil, quien, aunque optimista, reconoció la dificultad de predecir el comportamiento de máquinas autónomas. La comunidad científica y empresarial ha evolucionado de la curiosidad inicial a la preocupación por la competencia global, que dificulta la implementación de regulaciones estrictas, aunque la urgencia por frenar el desarrollo acelerado de la IA se ha vuelto ineludible tras los recientes incidentes de seguridad.
