Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH) dejarán de financiar ensayos clínicos a través de sus becas K, el mecanismo de desarrollo profesional temprano que concede unas 90 ayudas anuales a médicos e investigadores clínicos en sus inicios. La medida, anunciada esta semana y vigente desde julio de 2027, responde al objetivo de alinear las becas K con su función principal de formación, según la agencia.
Las becas K seguirán pagando parte del salario de los beneficiarios, pero ya no podrán usarse para dirigir ensayos clínicos propios; los investigadores deberán buscar otra financiación para hacerlo, ya sea en los propios NIH o en fundaciones. Lilia Cervantes, médica de la Universidad de Colorado beneficiaria de una de estas ayudas, calificó la decisión de "devastadora" en la reunión de un consejo asesor de los NIH celebrada en mayo.
El movimiento preocupa a parte del personal de la agencia y a exdirectivos como Jeremy Berg, antiguo responsable del Instituto de Investigación Básica de los NIH, cuyo análisis de las becas K concedidas entre 2010 y 2020 muestra que alrededor del 23 % de los titulares que realizaron ensayos clínicos obtuvieron después una subvención R01, más del doble que los beneficiarios no centrados en ensayos. Casi dos tercios de estos becarios eran mujeres, y buena parte de la investigación se centró en VIH, salud femenina y estudios conductuales. Por el contrario, el exjefe de investigación extramural Michael Lauer celebra la medida y considera que incluso los estudios pequeños con personas deben estar dirigidos por investigadores con experiencia.
Los NIH han abierto hasta el 30 de septiembre una consulta pública sobre alternativas para apoyar a los nuevos investigadores clínicos.
