Los directivos de las grandes tecnológicas llevan años asegurando que la inteligencia artificial reducirá la jornada laboral. Un director de ingeniería de Google llegó a vaticinar en 2021 una semana laboral de cuatro días, y OpenAI pidió este año a las empresas que probaran esa fórmula. Sin embargo, los propios trabajadores de estas compañías describen una realidad muy distinta: jornadas de 70 a 90 horas semanales, sprints que se alargan durante semanas, reuniones de crisis en fin de semana y revisiones de rendimiento muy agresivas.
Un exempleado de OpenAI explicó a la BBC que llegó a trabajar más de 70 horas a la semana, muy por encima de lo habitual en el sector. En Anthropic, los sprints pueden superar las 90 horas en siete días. En Meta, decenas de ingenieros han sido reasignados sin opción a equipos de IA en lo que los empleados denominan ser "drafted" (reclutados forzosos), con jornadas que se extienden hasta la noche y disponibilidad permanente. Un extrabajador de Google, Amin Shali, abandonó la empresa en mayo por el impacto de la IA en sus funciones, que le obligaba a trabajar toda la noche cuando fallaban procesos internos desviados a proyectos de IA.
Un estudio de la Universidad de California en Berkeley realizado durante ocho meses con cientos de empleados del sector reveló que las herramientas de IA no reducen la carga de trabajo, sino que la intensifican: los trabajadores operan a mayor velocidad, asumen más tareas y extienden su jornada. El investigador del MIT Neil Thompson explicó que el ahorro de tiempo se diluye porque surgen nuevas tareas de implementación y verificación. La paradoja es clara: la tecnología prometida para liberar tiempo a las personas está incrementando la presión sobre quienes la desarrollan.
