Un profesional del sector tecnológico rebate la idea de que la inteligencia artificial ha vaciado de contenido el trabajo de los ingenieros junior. Frente al razonamiento de que estos profesionales solo sirven para trasladar peticiones entre un senior y una herramienta de IA, el autor contrapon e un caso real: un becario lideró durante el verano el desarrollo de una funcionalidad solicitada durante años, pero nunca priorizada por su complejidad de juicio. El becario habló con product management, redactó el documento de diseño, alineó al equipo y entregó la solución con ayuda de IA, resolviendo un problema de cliente que de otro modo habría seguido enquistado.
El argumento sostiene que el trabajo de cualquier ingeniería es resolver problemas del cliente gestionando la complejidad técnica de la decisión, algo que la IA no puede sustituir porque exige contexto más amplio que el código. Los junior añaden capacidad real a una organización, ya que existen tareas que requieren juicio humano y que nunca llegan a la cima de la priorización. La formación inicial, además, resulta más barata: la IA acorta la curva de aprendizaje del lenguaje, las herramientas y los patrones, aunque el contexto humano sigue siendo clave. Por último, si la industria exige perfiles AI-native, conviene contratar a quienes empezaron su carrera con IA, porque su juicio técnico crecerá con la experiencia.
