Hace un año, numerosos líderes empresariales advertían de que la inteligencia artificial iba a provocar una destrucción masiva de puestos de trabajo. En las últimas semanas, los principales directivos del sector tecnológico han adoptado un tono marcadamente más optimista. El cambio se hizo patente a finales de mayo, cuando el consejero delegado de OpenAI, Sam Altman, declaró durante una conferencia que la industria ha acertado en sus predicciones tecnológicas, pero se ha equivocado al anticipar sus consecuencias sociales y económicas. Altman, que durante años había alertado de transformaciones profundas en el mercado laboral por la irrupción de la IA, reconoció así el desfase entre los avances técnicos y sus efectos reales sobre el empleo. El giro retórico coincide con una creciente presión regulatoria y con datos que muestran una adopción más gradual de la inteligencia artificial en las empresas, lo que ha moderado las proyecciones más catastrofistas. Analistas consultados por el Wall Street Journal señalan que el nuevo mensaje busca rebajar la alarma social y ofrecer una narrativa más equilibrada sobre la transición digital en curso.
