El incendio declarado el 9 de julio de 2026 en Los Gallardos y la pedanía de Bédar (Almería) se ha convertido en el más letal del siglo XXI en España, con al menos once víctimas mortales, según RTVE. La mayoría perdió la vida dentro de sus vehículos o al intentar huir por caminos rurales; las primeras hipótesis apuntan a turistas extranjeros que, sin conocer el relieve de la zona, quedaron acorralados por las llamas. La UME ha desplegado 150 efectivos mientras la simultaneidad de otro foco en Benahavís (Málaga) obligó a evacuar a unas 1.000 personas y a dividir los recursos aéreos y terrestres del Plan INFOCA.
El origen del fuego fue la caída de un cable eléctrico cerca de la N-340 sobre una masa forestal seca y bajo fuertes vientos. La topografía irregular de Bédar, con barrancos y ramblas, hizo que las llamas avanzaran más rápido que los vehículos por caminos de tierra y que la carretera principal quedara bloqueada por humo.
El Comisariado Europeo del Automóvil y Cruz Roja recuerdan que el coche no es un refugio seguro: a partir de 300 °C revientan los parabrisas, el motor se ahoga al consumirse el oxígeno y la ventilación no estanca introduce monóxido de carbono y cianuro de hidrógeno. Estudios como el de Molina-Terrén (2019) concluyen que las muertes civiles ocurren casi siempre en evacuaciones tardías o al intentar salvar propiedades. En caso de quedar rodeado, los expertos recomiendan estacionar en un claro, apagar el motor, cerrar ventanillas y recirculación, cubrirse con lana o algodón, tumbarse bajo el nivel de las ventanillas y no abandonar el vehículo hasta que pase el frente de llamas, que dura entre 2 y 5 minutos.
