Los fantasmas del pasado y los demonios del presente

Fuentes: Ghosts Of The Past & Devils Of The Present

Un repaso a unos papeles familiares lleva al autor a una reflexión sobre cómo construimos relatos a partir de datos incompletos. Mientras ordenaba los intentos genealógicos de su abuela —basados en notas de 1910 que se remontan a 1792—, el autor descubrió parentescos olvidados: una media hermana adoptada que murió a los 22 años en San Luis, tíos desconocidos que combatieron en la Guerra Civil estadounidense y un tal Commodore Perry Bebee, baut así por el almirante que abrió Japón en 1853. Cada fragmento lo empujaba a inventar historias; cuando los datos se corregían, también lo hacían los relatos. La experiencia ilustra una tendencia humana: explicar el pasado con líneas más rectas de lo que realmente fue y ajustar la memoria a las necesidades del presente.

El ensayo contrasta esa incertidumbre con la abundancia actual de datos. Servicios como FamilySearch —impulsado por la Iglesia mormona— permiten reconstruir árboles genealógicos con una minuciosidad antes impensable, pero esa densidad de información es mínima frente al caudal que recogen hoy teléfonos, cámaras de tráfico, satélites y dispositivos conectados. El autor recuerda las visiones de Vannevar Bush —que en 1945 propuso el Memex, una máquina para archivar la vida entera— y de Gordon Bell, que con MyLifeBits intentó registrar digitalmente cada interacción entre 1998 y 2007 hasta que el iPhone lo superó.

La diferencia, argumenta el texto, es que los pioneros de la era de la información daban por sentada la buena fe y la búsqueda de verdad. Hoy, los sesgos políticos y emocionales distorsionan la lectura de los datos: desde los disturbios en el Capitolio hasta las justificaciones del Khmer Rouge. Los futuros asistentes de inteligencia artificial, diseñados para ser complacientes, probablemente reforzarán esas narrativas en lugar de cuestionarlas, consolidando una memoria cada vez menos contrastada con la realidad.