El color de fondo del escritorio ha sido durante décadas una seña de identidad visual de cada sistema operativo. Esta guía repasa, sistema por sistema, los tonos que recibieron los usuarios al encender su ordenador por primera vez, desde los pioneros hasta las propuestas actuales.
Windows dominó los años noventa con un inconfundible verde azulado (teal) que vistió Windows 95, Windows 98 y las versiones NT 3.x y 4.0, con paletas de entre 53 y 61 colores. Los grises metálicos marcaron Windows 3.0 y 3.1, mientras que Windows 2000 y Windows Me cerraron la etapa con un azul grisáceo de 62 colores. Windows 1.0, en 1985, logró simular un tercer tono mediante tramado a partir de solo dos colores, una limitación que Windows 2.0 resolvió usando directamente el cian.
En el ecosistema Unix y Linux, Xfce apuesta desde 1996 por una paleta amplia de tonos prácticos, y KDE Plasma 6 (2024) se ancla en el azul Breeze. BeOS y su heredero de código abierto, Haiku, comparten un azul sereno (#336698) como firma visual. El escritorio clásico de Solaris 9 (2002) emplea un campo violeta tras la marca de agua, y SerenityOS (2018) rinde homenaje a los noventa con 52 colores tematizables.
El mundo Amiga pasó de la icónica paleta de cuatro colores de Workbench 1.x (1985) al gris tridimensional de Workbench 2.0 (1990). En sistemas menores, BleskOS destaca por su escritorio verde (#57ff81), ReactOS reconstruye la experiencia clásica de Windows con 65 colores, y proyectos como FreeGEM mantienen viva la estética del viejo GEM con tramados de gris y azul. Mac OS 8 (1997), por su parte, introdujo patrones en platino con acentos suaves.
En conjunto, la guía documenta cómo cada sistema operativo eligió un color —o una paleta limitada— para definir la primera impresión visual de su escritorio, ofreciendo un recorrido técnico y estético por la historia de la interfaz gráfica.
