Los agentes de IA diseñados para sustituir a trabajadores de Meta provocaron acciones disruptivas a gran escala

Fuentes: xataka.com, AI agents meant to replace Meta workers made “large-scale, disruptive actions”

Mark Zuckerberg concibió a comienzos de 2026 un plan bautizado como Project OT (Organization Transformation) para transformar Meta en una compañía "nativa de IA", mediante el cual agentes de inteligencia artificial asumirían gran parte del trabajo diario de miles de empleados mientras pequeños equipos humanos se limitarían a supervisarlos. La iniciativa, desvelada por una investigación de Reuters basada en decenas de documentos internos y más de veinte testimonios, contemplaba recortar hasta un 60% la plantilla de algunos equipos y ejecutar dos rondas de despidos y recolocaciones.

El plan comenzó a gestarse en enero durante una reunión del círculo directivo de Zuckerberg en Hawái. Tras el visto bueno del CEO, los ejecutivos diseñaron escenarios que preveían una primera ronda de despidos en mayo y una segunda en noviembre. La primera fase se cumplió el 20 de mayo, cuando Meta despidió a aproximadamente el 10% de su plantilla y reubicó a unas 7.000 personas hacia proyectos prioritarios de IA. La segunda ronda fue cancelada.

Sin embargo, el proyecto tropezó con problemas técnicos graves. Según reportó Ars Technica, los equipos de infraestructura ya advertían en marzo sobre la falta de fiabilidad del código generado por los agentes de IA. En abril, un aviso interno alertaba de que dichos agentes habían llegado a ejecutar acciones "a gran escala y disruptivas que ningún humano habría aprobado". Reuters, que tuvo acceso a datos internos, cifra en un 40% el aumento de incidentes técnicos y de seguridad, mientras que el tiempo dedicado por el personal a corregir esos fallos creció un 70%. Paradójicamente, cuanto más código producían los agentes, peor era el resultado final para los usuarios, convirtiendo la prometida ganancia de productividad en una pesada carga para los equipos restantes.

La situación se agravó cuando Meta comenzó a monitorizar pulsaciones de teclado y clics de ratón de sus empleados estadounidenses con el objetivo de entrenar agentes que replicaran su trabajo. La medida, recogida por The Guardian, provocó una oleada de malestar interno y dio lugar a peticiones formales para retirar el sistema de vigilancia. Un hackatón organizado por la dirección para levantar la moral fue percibido por buena parte de la plantilla como un gesto fuera de lugar, según Wired.

En ese contexto, la noche del 19 de mayo, horas antes de hacer oficial la primera ronda de despidos, Zuckerberg decidió pulsar el botón de pánico y frenar el proyecto. Meta confirmó a Reuters que Project OT nunca pasó de ser un ejercicio de planificación de escenarios y que "no se avanzó con todos los escenarios planteados".

El caso de Meta se enmarca en una tendencia sectorial: según datos recogidos por Xataka, la IA justificó más de 12.000 despidos en 2026, alrededor del 8% del total de despidos tecnológicos registrados ese año. No obstante, Meta representa el experimento más ambicioso y, a la vez, el más sonoro fracaso documentado hasta la fecha de una gran tecnológica que intentó sustituir masivamente a su personal por agentes de IA sin resolver previamente los problemas de fiabilidad, seguridad y aceptación interna que esa transición implica.

Por ahora, la segunda ronda de despidos permanece cancelada y Meta ha debido replegarse hacia un modelo más convencional. El episodio deja una lección clara para el sector: la sustitución de trabajadores por inteligencia artificial no depende solo de la capacidad técnica de los modelos, sino también de su fiabilidad operativa, de la capacidad de los equipos humanos para corregir sus errores y de la gestión del impacto cultural y organizativo que supone relegar a los empleados a un papel meramente vigilante.