Peter Lewis, analista político australiano, argumenta que el mayor riesgo de la inteligencia artificial no es su despliegue descontrolado, sino la percepción de que la sociedad carece de voz en su desarrollo. En un artículo de opinión, Lewis critica la 'doctrina de la inevitabilidad' que promueve la adopción acrítica de la tecnología, señalando que esta narrativa elimina la capacidad de negociación política y fomenta el populismo. El autor señala que, en Australia, el gobierno ha adoptado una estrategia de alineación con la industria tecnológica para evitar la dependencia de Silicon Valley, pero advierte que esta postura expone a la sociedad a consecuencias no deseadas, como la pérdida de empleo y el consumo energético excesivo. Lewis destaca el creciente escépticismo de los consumidores y la resistencia de los creadores de contenido, cuyos trabajos han sido utilizados para entrenar modelos sin compensación. Además, cita el fracaso de la oferta pública inicial de Firmus, impulsada por la presión comunitaria contra los centros de datos, como evidencia de que la resistencia social está ganando terreno. El autor concluye que, aunque la tecnología es un factor determinante, la democracia permite a los ciudadanos exigir regulaciones y límites, desafiando la narrativa de que el futuro es ineludible.
