Las observaciones satelitales y de boyas en la región Niño 3.4 del Pacífico ecuatorial muestran que la temperatura superficial del mar en 2025 ha salido del rango registrado desde 1982, según un análisis del climatólogo Gregory Andrews. La anomalía se produce en la zona considerada el motor del sistema climático global, cuya alteración redistribuye lluvias, sequías e incendios en todos los continentes.
El fenómeno de El Niño no es nuevo, pero ahora opera sobre una línea base oceánica mucho más cálida: la humanidad ha elevado el CO2 atmosférico más de un 50% desde la Revolución Industrial y los océanos han absorbido alrededor del 90% del exceso de calor. Cada evento de El Niño parte, por tanto, de un océano con más energía almacenada, lo que amplifica tormentas, inundaciones, sequías y olas de calor.
Los impactos se extienden al blanqueamiento de arrecifes, la migración de pesquerías, el colapso de bosques de kelp y la desestabilización de puntos de inflexión climáticos como la circulación atlántica, el hielo de Groenlandia, la Antártida occidental, el Ártico y la Amazonía. Australia ya ha sufrido los efectos amplificados, desde los incendios de Black Summer hasta eventos sucesivos de blanqueamiento en la Gran Barrera de Coral. Las consecuencias sociales incluyen alza de alimentos, daños a infraestructuras, crisis hídricas, desplazamientos y mayor inestabilidad geopolítica, con los pobres como principales afectados.
