Las plataformas digitales han transformado la dinámica de la fidelidad en las relaciones de pareja, introduciendo nuevas formas de interacción que las psicólogas identifican como conductas de infidelidad emocional. Expertos como Natalia Franco y Belén Sánchez señalan que la tecnología ha ampliado el terreno donde se produce la ruptura de la confianza, permitiendo mantener conversaciones íntimas, enviar fotografías o coquetear sin necesidad de encuentros físicos. Esta accesibilidad ha hecho que la infidelidad sea más frecuente y difícil de detectar, generando conflictos en parejas que no habían considerado estas interacciones virtuales como un problema.
La definición de lo que constituye una falta de respeto ha evolucionado hacia una concepción más personalizada, donde la intención y el grado de intimidad son clave. Mientras que antes la infidelidad se centraba en lo físico, ahora acciones como dar 'me gusta' a historias de Instagram, usar apps de citas con perfiles falsos o mantener chats restringidos en WhatsApp se catalogan como deslealtad. Las psicólogas recomiendan que cada pareja negocie sus propias reglas, estableciendo límites claros sobre qué conductas son aceptables y cuáles cruzan la línea roja. El consenso general es que la gravedad de la acción depende de la intención de ocultarla y del nivel de confianza que se rompe, más que de la mera existencia de la interacción digital.
