Ganchillo, costura, bordado y cerámica, aficiones que parecían desterradas por la cultura digital, atraviesan una segunda edad dorada impulsada por veinteañeros. La desconexión de las pantallas, la difusión en redes sociales como Pinterest o TikTok y la recuperación del legado generacional explican este resurgir. Ferias como Love Yarn Madrid, que en 2026 reunió a más de 120 expositores internacionales y 60 talleres en 14.000 metros cuadrados y agotó sus entradas en tres días, reflejan la demanda creciente. El mercado mundial de la artesanía alcanza 47.350 millones de dólares y podría superar los 67.000 millones en 2030, según The Business Research Company. Etsy registró en 2022 ventas brutas de 11.800 millones de dólares, con 94 millones de compradores. Durante la pandemia de 2020, un millón de personas en Reino Unido comenzó a tejer, un incremento del 140%. Investigaciones publicadas en Frontiers in Public Health asocian estas prácticas con beneficios para la salud mental, al favorecer la concentración, reducir el estrés y reforzar la autoestima. El fenómeno, bautizado como granny core por publicaciones como The Wall Street Journal, vincula lo artesanal con la sostenibilidad, el slow fashion y la transmisión generacional, con el apoyo de creadores digitales como Cristina Chanche, Yolanda Andrés o Sarah K. Benning.
