La inteligencia artificial se presenta en el discurso público como una tecnología destinada a sustituir a profesionales cualificados: programadores, ingenieros, analistas de ciberseguridad o incluso médicos. Esta narrativa, sostienen críticos y profesionales del sector, responde más a una estrategia de marketing de las grandes compañías (Anthropic, OpenAI, xAI) que a la realidad técnica de los productos.
El argumento central del texto es que las herramientas nunca han eliminado a los expertos, sino que han cambiado el alcance de su trabajo. Los compiladores no reemplazaron a los programadores, las hojas de cálculo no eliminaron a los contables y los sistemas CAD no prescindieron de los ingenieros: cada una amplió la complejidad que estos profesionales podían gestionar. Del mismo modo, reducir el trabajo a su artefacto visible (el código, el cálculo, el plano) ignora el valor del proceso de comprensión del problema.
El artículo cuestiona declaraciones recientes como la del director ejecutivo de OpenAI sobre curar el cáncer con suficiente computación o la de Elon Musk sobre la eliminación de los compiladores, y critica la campaña de Anthropic en torno a Mythos, un modelo presentado como "ciberarma" pero valorado con escepticismo por investigadores de seguridad.
Frente a esta tendencia, el autor defiende un modelo de IA centrado en asistir a expertos humanos, no en amenazarlos, y menciona proyectos como Midjourney Medical como ejemplo de herramientas que aumentan las capacidades de profesionales con conocimiento profundo del dominio.
