Bumble ha eliminado la regla que obligaba a las mujeres a escribir primero tras coincidir con un hombre, uno de sus rasgos identitarios desde 2014, y se prepara para abandonar también el sistema de deslizamiento. La decisión llega tras un año en el que su número de usuarios de pago cayó con fuerza, su cotización bursátil sufrió presiones sostenidas y la compañía recortó cerca del 30% de su plantilla.
Para el filósofo Luke Brunning, la empresa opera en "modo salvamento", un diagnóstico extensible al conjunto de la industria, que mueve unos 10.000 millones de libras anuales y atraviesa una creciente fatiga de los usuarios. Grindr se redefine como plataforma "AI-first", Tinder prueba Chemistry, un sistema de IA para reducir el cansancio del swipe, y Bumble desarrolla un asistente llamado Bee. La londinense Fate prescinde del deslizamiento y entrevista a los usuarios con IA para buscar compatibilidades.
Los expertos consultados cuestionan que la tecnología solvente los problemas estructurales del sector. Adam Peacock, investigador de tecnología e intimidad, advierte de un rechazo cultural, especialmente entre la generación Z, hacia la injerencia de la IA en la vida íntima y sospecha que las plataformas anteponen la monetización del tiempo de uso a la calidad de los vínculos. Elsa Kugelberg cree que la búsqueda de pareja en línea está demasiado arraigada para desaparecer, aunque la era del perfil, el swipe y el match podría agotarse. Brunning concluye que añadir IA a un producto en decadencia no garantiza su rescate.
