Las acciones de SpaceX cerraron el miércoles a 135,27 dólares, en el umbral del precio fijado en su salida a bolsa del 12 de junio, una OPV que recaudó cerca de 86.000 millones de dólares. Los títulos llegaron a caer por debajo de los 133 dólares durante la sesión,延续ando la tendencia bajista iniciada justo después del debut bursátil, cuando llegaron a superar los 200 dólares y la empresa alcanzó brevemente una valoración comparable a la de Amazon o Microsoft.
La volatilidad se explica, en parte, por el reducido free float: solo el 4 % de las acciones totales cotizan en el Nasdaq, lo que combinado con la enorme expectación mediática genera fuertes oscilaciones. Además, los mercados parecen replantearse las ambiciosas promesas del consejero delegado Elon Musk, en un contexto de deflación general de los valores tecnológicos durante el último mes. Los bonos emitidos tras la OPV también acumulan pérdidas.
Una caída prolongada de SpaceX tendría implicaciones más amplias, ya que su cotización funciona como termómetro de la confianza inversora en los objetivos espaciales de Musk. Su estreno allana además el camino para otras grandes tecnológicas como Anthropic y OpenAI, que ya han presentado confidencialmente documentación para salir a bolsa y observan de cerca el desempeño de SpaceX.
La empresa afronta el jueves una nueva prueba de fuego con el undécimo vuelo de prueba de Starship, el primero tras la OPV y después del fallo de un propulsor en mayo. SpaceX volverá a no intentar recuperar ninguna etapa: el propulsor y la etapa superior amerizarán sobre el Golfo de México y ambos acabarán explotando, con independencia de cómo se desarrolle la misión.
