SpaceX debutó este viernes en el mercado bursátil del NASDAQ a un precio de 135 dólares por acción, alcanzando una valoración cercana a los 1,8 billones de dólares y consolidándose como una de las compañías más valiosas del planeta. En su primer día de cotización, las acciones cerraron a 160,95 dólares, un incremento superior al 19%, tras haber llegado a cotizarse a 176 dólares en su punto más alto, lo que elevó temporalmente la capitalización bursátil hasta aproximadamente 2,3 billones de dólares.
El evento marcó un hito histórico: Elon Musk, fundador y director ejecutivo de SpaceX, se convirtió oficialmente en la primera persona del mundo en alcanzar un patrimonio neto superior al billón de dólares, gracias a su participación accionaria valorada en más de 700.000 millones de dólares tras la salida a bolsa, sumada a su tenencia en Tesla. La expectación fue tal que la plataforma de trading Robinhood reportó un tráfico "récord" durante la jornada, con algunos usuarios experimentando latencia e interrupciones intermitentes.
La demanda superó con creces las expectativas: según Bloomberg, la oferta pública inicial fue sobresuscrita en cuatro veces, lo que dejó a numerosos inversores institucionales sin asignación y alimentó la compra especulativa en el mercado abierto. En la primera hora se intercambiaron aproximadamente 263 millones de acciones, equivalentes a unos 42.000 millones de dólares. SpaceX solo liberó alrededor del 4% de sus acciones para cotización pública, lo que contribuyó a una elevada volatilidad y a fuertes osciliones de precio. Adicionalmente, la compañía logró que índices como el Nasdaq 100 modificaran sus reglas de inclusión, lo que permitirá su entrada en cuestión de días en lugar de meses, atrayendo demanda institucional automática.
La operación generó también una de las mayores ganancias en la historia del capital riesgo. Founders Fund, que invirtió 600 millones de dólares y posee un 3% de la empresa, vio su participación valorada en más de 50.000 millones de dólares al precio de salida. Andreessen Horowitz superó los 10.000 millones, mientras que Sequoia Capital se embolsó una plusvalía superior a los 20.000 millones. Además, alrededor de 4.400 empleados actuales y antiguos de SpaceX se convirtieron en millonarios, y unos 400 alcanzaron el rango de centimillonarios gracias al plan de opciones sobre acciones de la empresa.
Más allá del ruido financiero, el aspecto más revelador del debut es la naturaleza del negocio que SpaceX está ofreciendo a los inversores. Según el documento S-1 presentado en mayo ante la SEC, la compañía considera que sus "soluciones espaciales" y la constelación de internet Starlink representan menos del 7% de su valor total direccionable. La mayor parte de su valoración descansa en servicios de inteligencia artificial, principalmente desde el espacio y orientados al segmento empresarial. En otras palabras, SpaceX se está posicionando ante Wall Street no como una empresa aeroespacial tradicional, sino como una plataforma de infraestructura para centros de datos en órbita, un giro estratégico que redefine su identidad corporativa.
Este enfoque suscita un debate profundo. Mientras algunos analistas aplauden la visión de Musk y ven a SpaceX como una oportunidad única para poseer una pieza de una empresa dominante en un sector con potencial disruptivo, otros cuestionan si la valoración actual está justificada por fundamentos tangibles o si se trata de una burbuja alimentada por la especulación y el reducido número de acciones disponibles. La combinación de un float limitado, una sobresuscripción masiva y el acceso inmediato a índices bursátiles genera condiciones propicias para una volatilidad extrema en las próximas semanas.
Musk llega a este momento cumbre en una posición singular: es la persona más rica de la historia, pero también una de las más polarizantes. Su involucramiento en la campaña presidencial de Donald Trump en 2024, con aportes cercanos a los 300 millones de dólares, y su papel al frente del Departamento de Eficiencia Gubernamental, que según diversas fuentes no logró reducir el gasto público y desmanteló agencias como USAID, añaden una dimensión política y social a su figura que contrasta con la euforia financiera del debut.
De cara al futuro inmediato, SpaceX enfrentará el reto de demostrar a un mercado público que su apuesta por la inteligencia artificial desde el espacio puede traducirse en ingresos concretos. La presión de los accionistas, sumada a la obligación de nuevas divulgaciones financieras, marcará una etapa inédita en los casi 25 años de historia de la compañía, fundada en 2002 con el objetivo declarado de colonizar Marte, y que hoy cotiza en bolsa como una de las entidades más valiosas del mundo.
