Henry David Thoreau no fue el ermitaño que la cultura popular suele retratar. Su cabaña en Walden se encontraba a menos de trescientos metros de la vía del tren, él bajaba al pueblo casi a diario y llegó a reunir en ella a cerca de treinta personas. La célebre frase sobre las tres sillas —una para la soledad, dos para la amistad y tres para la sociedad— procede del capítulo dedicado a los visitantes en Walden (1854) y no aboga por el retiro absoluto, sino por el equilibrio entre estas tres dimensiones.
El filósofo estadounidense estaba cansado de que lo llamaran ermitaño. Él mismo escribió que pensaba y amaba la sociedad tanto como cualquier otra persona, y de hecho recibió más visitas durante sus dos años, dos meses y dos días en el bosque que en ningún otro momento de su vida. Su retiro fue un ejercicio de autoconocimiento, no un rechazo de los demás.
El texto conecta esta lectura con la alerta lanzada por la OMS en noviembre de 2023, que declaró la soledad no deseada una amenaza para la salud pública global y creó una comisión específica, cuyo informe se publicó en junio de 2025. Frente a esta epidemia, la verdadera enseñanza de Thoreau no es sentarse solo en la primera silla, sino mantener las tres preparadas: la soledad elegida resulta beneficiosa, mientras que la soledad crónica e impuesta resulta patológica. Los demás importan no porque recorran nuestro mismo camino, sino porque, desde su propia ruta, aportan una perspectiva única sobre lo que dejamos atrás y lo que nos queda por delante.
