La solla (Pleuronectes platessa) es un pez plano de la familia Pleuronectidae presente en el Atlántico nororiental, desde Groenlandia y Noruega hasta Marruecos y el Mediterráneo, que habita fondos arenosos, fangosos o de grava a profundidades de hasta 200 metros, aunque los ejemplares más grandes pueden descender a 400. Su rasgo más reconocible son las grandes manchas anaranjadas o rojo-amarillentas sobre un dorso marrón, combinadas con un lado ciego totalmente blanco, ojos en el lado derecho y entre cuatro y siete tubérculos óseos detrás de ellos. Para protegerse de los depredadores, la especie practica un camuflaje conocido como 'piel de arena': se agita brevemente y se entierra en el sedimento, ajustando su coloración a la tonalidad exacta del fondo hasta volverse casi invisible; su actividad es principalmente nocturna.
En el plano reproductivo, la freza se concentra en los meses fríos de invierno a entre 20 y 40 metros de profundidad, y una sola hembra puede liberar hasta 500.000 huevos pelágicos. Tras unos dos meses alimentándose de plancton, las larvas atraviesan una metamorfosis en la que uno de los ojos migra al otro lado del cuerpo; al alcanzar los dos centímetros ya presentan el aspecto de un pez plano. Bentónica y voraz, la solla se alimenta de moluscos, poliquetos, pequeños crustáceos y gusanos marinos, y aporta una carne blanca rica en Omega-3, proteínas, selenio y yodo, con un momento óptimo de calidad conocido como 'Meischol' o solla de mayo, cuando puede tener hasta un 30% más de carne que en invierno. Su pesca se practica durante todo el año en el Atlántico mediante surfcasting y otras técnicas, con un tamaño mínimo legal de captura de 27 centímetros.
