La segunda etapa de un Falcon 9 de SpaceX impactará contra la Luna el 5 de agosto

Fuentes: La segunda etapa de un Falcon 9 de SpaceX impactará contra la Luna el 5 de agostoT3clickbait, projectpluto.com, 20minutos.esT3clickbait

La segunda etapa de un cohete Falcon 9 de SpaceX, abandonada en el espacio desde principios de 2025 tras desplegar su carga útil, impactará contra la Luna el próximo 5 de agosto. El objeto, con una masa estimada de 4.900 kilogramos, chocará contra la superficie lunar a unos 2,43 kilómetros por segundo —cerca de 8.700 kilómetros por hora— en las inmediaciones del cráter Einstein, prácticamente en el borde visible del satélite, en torno a las 08:35 hora peninsular española (06:35 UTC).

El anuncio fue realizado por Bill Gray, desarrollador del software astronómico Project Pluto y especialista en el cálculo de órbitas de objetos lejanos, quien ha precisado que dispone de más de un millar de observaciones que respaldan la previsión. La trayectoria del objeto, catalogado como 2025-010D, ya ha sido incorporada al sistema Horizons del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, lo que refuerza la validez del seguimiento, según la información publicada por 20minutos.es.

El cohete fue lanzado a principios de 2025 con destino al entorno lunar como parte de una misión que transportaba los módulos Blue Ghost, de Firefly Aerospace, y Hakuto-R Mission 2, de la japonesa ispace. Tras desplegar su carga, la segunda etapa —un elemento no reutilizable, a diferencia del propulsor principal que SpaceX suele recuperar— quedó en una órbita elíptica alrededor de la Tierra que cruza aproximadamente la trayectoria lunar, convirtiéndose desde entonces en basura espacial.

Según las estimaciones de Gray, el impacto liberará aproximadamente 14.500 millones de julios, una energía equivalente a unas tres toneladas de TNT, suficiente para abrir un cráter de alrededor de 17 metros de diámetro. El experto calcula que la colisión podría excavar unos 450 metros cúbicos de terreno y desplazar alrededor de 1.100 toneladas de material lunar, aunque se trata de una aproximación basada en el cráter producido por un impacto similar ocurrido en marzo de 2022, cuando un cuerpo de cohete que llevaba años sin control chocó contra la cara oculta de la Luna y abrió dos cráteres contiguos de aproximadamente 16 y 18 metros de diámetro. Distintos análisis relacionaron aquel objeto con la etapa superior utilizada en la misión china Chang'e 5-T1, aunque su procedencia nunca fue reconocida oficialmente por China.

A pesar de la espectacularidad del evento, los expertos consultados coinciden en que no representa ningún peligro para la Tierra ni para las personas. El impacto tampoco provocará una alteración apreciable de la Luna en su conjunto: su efecto será esencialmente local, limitándose a la apertura del cráter, la trituración y fusión parcial del regolito y el lanzamiento de material alrededor del punto de colisión.

El caso ilustra, no obstante, una diferencia fundamental entre la Tierra y la Luna. Nuestro planeta posee una atmósfera que destruye o funde gran parte de los objetos antes de que alcancen la superficie —la Agencia Espacial Europea (ESA) estima que los objetos espaciales de aproximadamente un metro o más reentran en la atmósfera terrestre alrededor de una vez por semana—, mientras que en la Luna no existe ese escudo y los objetos llegan prácticamente intactos hasta el suelo. Además, al carecer la Luna de viento, lluvia, ríos o una actividad geológica comparable a la terrestre, las huellas de la colisión permanecerán durante muchísimo tiempo.

El impacto que se producirá en agosto se enmarca en una categoría distinta a la de los choques intencionados —utilizados para estudiar la respuesta del terreno o analizar el material expulsado— y a la de los accidentes durante intentos de alunizaje, como los sufridos por los módulos japoneses HAKUTO-R Mission 1 (2023) y HAKUTO-R Mission 2 (junio de 2025), este último transportado precisamente por el Falcon 9 protagonista de esta noticia. Se trata, en cambio, del impacto accidental de un resto de misión sin capacidad de maniobra, un escenario cada vez más frecuente a medida que se multiplican los lanzamientos.

Aunque la presencia de material humano sobre la Luna no constituye una crisis comparable a la basura espacial en órbita terrestre —un objeto inmóvil sobre la superficie no puede colisionar con satélites ni generar una reacción en cadena—, la situación plantea interrogantes científicos y ambientales de cara al futuro. Las naves introducen metales, combustibles, lubricantes, agua y otros compuestos terrestres en un entorno que se ha mantenido prácticamente inalterado durante miles de millones de años, mientras que los alunizajes, despegues e impactos remueven el regolito, dispersan polvo y modifican temporalmente la tenue exosfera lunar. El verdadero desafío, advierten los expertos, aparecerá si el número de misiones sigue aumentando sin normas claras que regulen qué hacer con las etapas superiores, dónde deben aterrizar las naves y qué regiones necesitan una protección especial por su valor científico, histórico o por la posible presencia de hielo. Hasta el momento, ni la NASA ni SpaceX han anunciado oficialmente el inminente impacto, aunque la incorporación del objeto al sistema Horizons del JPL se considera una confirmación indirecta de su trayectoria.