Una riada sin precedentes desencadenada por el colapso parcial de un glaciar en el Himalaya el 26 de agosto devastó el paso fronterizo de Rasuwagadhi, en el distrito nepalí de Rasuwa, y la localidad china de Gyirong, en el otro lado de la frontera con el Tíbet. El agua, el lodo, los bloques de hielo y las rocas bajaron a gran velocidad por el valle y arrasaron el Puente de la Amistad que unía ambos países, así como las oficinas de inmigración y aduanas de Nepal. Hasta el momento, al menos 275 ciudadanos indios figuran como desaparecidos en Nepal según el Ministerio de Exteriores de la India, y las autoridades calculan que más de cien indios se encontraban en la zona en el momento de la catástrofe. Entre los desaparecidos figuran un grupo de 77 peregrinos de la fundación Isha que regresaba del monte Kailash, tres empleados chinos y la última funcionaria que registró transacciones en el puesto de inmigración nepalí, cuyo jefe apareció muerto aguas abajo. La oficina de inmigración solo pudo reconstruir electrónicamente el movimiento de 89 personas —32 indios, 12 chinos, 9 estadounidenses y viajeros de Reino Unido, Canadá, Australia e Italia— que habían salido de Nepal aquella mañana, pero la cola para entrar en China reunía a entre 300 y 400 personas más. Un supervisor superviviente, Tika Ram Pokharel, estima que entre 2.000 y 2.500 personas pudieron quedar atrapadas por la riada, una cifra todavía sin verificar. En Rasuwagadhi, además de la aduana, desaparecieron entre 50 y 60 casas, hoteles, negocios y cuatro oficinas hidroeléctricas. El cruce, reabierto el 1 de enero tras seis meses cerrado por otra inundada, es una de las dos arterias comerciales principales entre Nepal y China y representa alrededor de un tercio del intercambio bilateral, valorado en 2.950 millones de dólares.
