Australia puso en marcha en diciembre la prohibición más ambiciosa del mundo al acceso de menores de 16 años a las redes sociales, y su efecto se ha extendido con rapidez a otros países. En marzo, Indonesia comenzó a bloquear a los menores de 16 años en la mayoría de plataformas y Malasia hizo lo propio este mes; el Reino Unido anunció la semana pasada su propia prohibición, que prevé estar en vigor a principios de 2027. Según Justin Hendrix, director de Tech Policy Press, la medida australiana actuó como un «barómetro» que despertó el interés de reguladores de más de 40 países.
Los enfoques varían: Austria plantea fijar el límite en los 14 años y Francia en los 15; Noruega amplía su prohibición actual, limitada a los menores de 13, hasta los 16. En Polonia, Dinamarca e Inglaterra la restricción se combina con la prohibición de teléfonos en las escuelas, mientras que Brasil prohíbe los móviles en centros educativos pero permite cuentas a menores de 16 si están vinculadas a la de un tutor legal.
El debate coincide con una oleada de demandas judiciales contra las plataformas. Un jurado de California declaró recientemente a Meta y YouTube responsables de diseñar productos adictivos que provocaron daños a una joven usuaria. En paralelo, varios países comienzan a regular los chatbots de inteligencia artificial con líneas rojas similares. El primer ministro británico, Keir Starmer, defendió su prohibición pese a las dudas sobre su eficacia, en contraste con la italiana Giorgia Meloni, que mostró su escepticismo. India, Italia y Estados Unidos figuran entre los países que se resisten a adoptar medidas de este tipo, y Amnistía Internacional ha calificado la prohibición australiana como un «parche ineficaz» que puede empujar a los menores a espacios digitales menos seguros.
