Un equipo de la Universidad de Surrey ha probado en laboratorio el recubrimiento ultranegro Vantablack 310 sobre un satélite para reducir su brillo y minimizar las interferencias en las observaciones astronómicas. El material, capaz de absorber el 98 % de la luz que recibe y reflejar solo un 2 % de forma difusa, logró una magnitud de 6,7 en el peor de los casos, apenas por debajo del umbral de 7 recomendado por la Unión Astronómica Internacional. Un Starlink sin tratar, por comparación, alcanza una magnitud de 3,7.
La investigación, liderada por la astrofísica Astha Chaturvedi y publicada en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, llega en un momento crítico: la Agencia Espacial Europea contabiliza más de 14.000 satélites en órbita y la propia universidad estima que la cifra podría alcanzar los 60.000 antes de 2030. Estos artefactos reflejan la luz solar y contaminan las imágenes de telescopios profesionales y amateur, dificultando el seguimiento de asteroides y galaxias lejanas.
El recubrimiento destaca frente a intentos previos como DarkSat y VisorSat de SpaceX porque no requiere piezas móviles ni rediseñar la nave, solo cambiar el material exterior. Su estructura, similar a un coral microscópico, atrapa la luz en lugar de dispersarla. El siguiente paso será probarlo en órbita a bordo de la misión Jovian-1, un cubesat desarrollado por las universidades de Surrey, Portsmouth y Southampton. Los autores advierten de que aún quedan por evaluar el comportamiento térmico, la durabilidad ambiental y la integración completa del sistema, y recuerdan que el problema de fondo —la basura espacial— sigue creciendo.
