Más de una docena de directivos han abandonado OpenAI desde principios de año, entre ellos la número dos del consejero delegado Sam Altman, Fidji Simo; el director de operaciones Brad Lightcap; la directora de marketing Kate Rouch; varios responsables de equipo como Kevin Weil y Bill Peebles, y, la semana pasada, el jefe de centros de datos Chris Malone, incorporado en marzo de 2025. OpenAI achaca la salida de Malone a una reorganización del área de infraestructura, ahora dirigida por el vicepresidente Sachin Katti, tras la cual Malone dejó de reportar directamente al presidente Greg Brockman.
La compañía ha declinado comentar los cambios globales, pero múltiples fuentes apuntan a un reforzamiento del papel de Brockman, cofundador que en 2019 cedió la mayor parte de sus funciones ejecutivas cuando Altman asumió la dirección. Desde entonces, los equipos de infraestructura y producto dependen de él. El responsable de API y aplicaciones, Thibault Sottiaux, resumió el clima interno: "Al final del día, todos dependen de Greg".
El trasfondo es la salida a bolsa. OpenAI presentó en junio ante la SEC la documentación confidencial para su OPV, prevista en principio para 2027, mientras su rival Anthropic también se prepara para debutar en público y, según WSJ, es ya rentable. OpenAI, en cambio, encadena crecimiento de ingresos con aumento de pérdidas. En ese contexto, Altman ha reconocido públicamente unos últimos doce meses difíciles y una reorganización para recortar proyectos secundarios costosos y priorizar el negocio. El ciclo recuerda al patrón habitual de las startups tecnológicas: fundadores que crean el producto, CEO profesional que escala la compañía y, después, vuelve el peso del fundador para preparar la salida al mercado.
