La NASA desiste de salvar el telescopio Swift, que acabará precipitándose a la Tierra

Fuentes: Rettungsmission gescheitert: NASA-Weltraumteleskop Swift wird abstürzen, wired.com

La NASA confirmó esta semana el fin de la misión de rescate del telescopio espacial Neil Gehrels Swift Observatory, que se precipitará inevitablemente sobre la atmósfera terrestre en los próximos meses. La decisión pone punto final a una operación inédita y de alto riesgo que la agencia espacial estadounidense había emprendido en tiempo récord junto a la empresa privada Katalyst Space Technologies, y que resultó frustrada por fallos técnicos en el sistema de control de la nave que debía salvar al observatorio.

El telescopio Swift, lanzado en 2004 con una vida útil prevista de apenas dos años, superó con creces las expectativas de sus creadores al operar durante más de dos décadas. Su especialidad son los estallidos de rayos gamma (GRB, por sus siglas en inglés), las explosiones electromagnéticas más energéticas que se conocen en el universo. Además de su valor científico, Swift funcionaba como un sistema de alerta temprana para observatorios terrestres, capaces de reorientar sus instrumentos hacia estas poderosas explosiones cósmicas en cuestión de segundos.

El problema que ha condenado al telescopio es la resistencia atmosférica. Aunque orbita a cientos de kilómetros de altitud, las capas superiores de la atmósfera ejercen una pequeña pero constante fricción sobre el satélite, que pierde altitud de forma progresiva con cada vuelta a la Tierra. Algunos modelos llegaron a estimar que Swift podría mantenerse en órbita hasta la década de 2030, pero la intensificación de la actividad solar en 2024 alteró esas proyecciones: el calor generado por el Solexpandió las capas altas de la atmósfera,incrementando el rozamiento y acelerando el descenso del observatorio. Las estimaciones más recientes sitúan la reentrada antes de que termine 2026.

Ante el rápido deterioro, la NASA optó por una maniobra de rescate sin precedentes: enviar una nave robótica, LINK de Katalyst, que debía alcanzar a Swift, capturarlo con brazos mecánicos y elevarlo a una órbita más alta con sus propios propulsores. La nave fue lanzada el 3 de julio de 2026, tras una preparación extraordinariamente breve. Sin embargo, poco después del despegue surgieron problemas graves en el sistema de control de actitud, responsable de mantener la orientación y estabilidad de la nave en el espacio.

Según la fuente alemana Heise, alrededor de un mes después del lanzamiento, Katalyst detectó que LINK comenzó a rotar sobre sí misma a unos nueve grados por segundo, tras el fallo de dos de sus tres ruedas de reacción. Los ingenieros lograron reducir la velocidad de giro primero a cuatro grados y luego a 1,47 grados por segundo, aunque para ello tuvieron que gastar combustible. Se subió además un software mejorado que utilizaba únicamente la técnica de maniobra restante, pero los esfuerzos no fueron suficientes. Lo ocurrido en los días posteriores no ha trascendido, pero el resultado fue la cancelación definitiva de la misión de rescate, anunciada el miércoles por la NASA.

El administrador de la NASA, Jared Isaacman, reconoció en un comunicado que el desenlace no era el esperado, pero defendió la decisión de haberlo intentado: "Este no es el resultado hacia el que trabajábamos, pero no cambia por qué mereció la pena intentar esta misión. El equipo actuó con una velocidad extraordinaria para darle a Swift la oportunidad de seguir haciendo ciencia, al mismo tiempo que avanzaba en capacidades que Estados Unidos necesitará para el servicio de satélites en el futuro".

A pesar del fracaso, LINK sí se aproximará al telescopio Swift para demostrar capacidades de encuentro, navegación y operaciones de proximidad en órbita. La NASA confía en extraer enseignements valiosos para futuras misiones de reparación, reubicación o prolongación de la vida útil de satélites. La agencia recordó además que se asumió conscientemente un riesgo elevado: Swift no fue diseñado para ser capturado ni reparado en órbita, y LINK fue desarrollado y lanzado contra reloj.

En febrero, la NASA había desactivado en gran medida el telescopio para reducir la resistencia atmosférica que genera su continua reorientación hacia nuevos objetivos científicos y así conceder más tiempo a la misión de rescate. Ahora, sin posibilidad de elevar su órbita, Swift seguirá perdiendo altitud hasta alcanzar las capas más densas de la atmósfera, donde lasaltas temperaturas y las fuerzas aerodinámicas destruirán la mayor parte del observatorio. Aún es pronto para determinar con exactitud cuándo y dónde se producirá la reentrada, aunque la NASA estima que ocurrirá antes de fin de año.

El desenlace de Swift supone el cierre de una etapa prolífica en la astronomía de altas energías y plantea interrogantes sobre la gestión de residuos orbitales y la viabilidad futura de las misiones de servicio en órbita, un campo en el que la NASA y empresas como Katalyst están invirtiendo crecientes recursos.