La NASA ha ejecutado con éxito una intervención técnica bautizada como 'Big Bang' para extender la vida operativa de la sonda Voyager 2, que en agosto cumplirá 49 años de su lanzamiento desde la Tierra. El ajuste, anunciado el 4 de agosto de 2026, consiste en apagar dispositivos no esenciales y recurrir a alternativas de menor consumo, lo que ha permitido conservar el margen de potencia suficiente para mantener activos sus tres instrumentos científicos restantes durante al menos un año más, evitando así el cierre de uno de ellos que se preveía necesario para finales de este año.
La Voyager 2, junto a su gemela Voyager 1, fue lanzada en 1977 para aprovechar una rara alineación de los planetas gigantes del sistema solar. Ambas naves llevan a bordo generadores termoeléctricos de radioisótopos (RTG) que convierten en electricidad parte del calor generado por la desintegración del plutonio-238. Sin embargo, este suministro disminuye de forma irreversible unos cuatro vatios por año en cada sonda, lo que obliga a los ingenieros a tomar decisiones cada vez más quirúrgicas sobre cómo gestionar un presupuesto energético en constante caída.
El 'Big Bang' se inscribe en una cadena de ajustes progresivos. En 2019, los ingenieros desconectaron el calentador del sistema de rayos cósmicos y comprobaron que el instrumento seguía operativo pese al frío. En 2023, comenzaron a utilizar una pequeña reserva de potencia reservada para un circuito de protección del regulador de voltaje. La intervención de 2026 sigue esa misma lógica: revisar qué funciones siguen siendo imprescindibles y cuánto consumo puede recortarse sin poner en riesgo la nave. 'Los márgenes de potencia de la nave se han vuelto extremadamente delgados, lo que obliga al equipo a conservar energía apagando dispositivos y sistemas no esenciales', señaló la NASA en un comunicado.
El impacto sobre la ciencia ya es notable. Cada una de las dos Voyager contaba originalmente con 10 instrumentos. Desde 2024, ambas han apagado dos de ellos, algunos por haberse vuelto innecesarios tras los sobrevuelos planetarios y otros por exigencias de potencia. La Voyager 2 opera actualmente solo con tres instrumentos, una cifra que se mantendrá al menos hasta 2027 gracias a la nueva maniobra.
La Voyager 1, que se encuentra aún más lejos —cerca de 171 unidades astronómicas, frente a las 142 de su gemela—, recibirá una intervención equivalente 'en los próximos meses'. Cabe recordar que una señal tarda casi 24 horas en llegar a cualquiera de las dos naves, lo que convierte cada comando en una apuesta con consecuencias que no se pueden revertir hasta el día siguiente.
Ambas sondas atraviesan ya el espacio interestelar: la Voyager 1 entró en esa región en 2012 y la Voyager 2 en 2018. Siguen enviando datos científicos únicos desde un entorno que ninguna misión anterior había explorado directamente. La Voyager 1 ostenta el récord de ser la nave más distante de la Tierra, con unos 25.500 millones de kilómetros de separación.
En definitiva, la NASA ha demostrado una vez más su capacidad para exprimir al máximo una tecnología de hace casi medio siglo. La pregunta que sobrevuela ahora es cuánto más podrán sobrevivir estas veteranas exploradoras. Cada año que ganan es un año adicional de ciencia desde los confines del sistema solar, pero también un recordatorio de que el plutonio-238 sigue su decadencia imparable y de que, tarde o temprano, habrá que apagar la última de las luces.
