La sonda New Horizons, lanzada en enero de 2006, salió el 23 de junio de su decimosexta hibernación cuando se encontraba a unos 9.500 millones de kilómetros de la Tierra. Tras 321 días en modo de bajo consumo, ejecutó de forma autónoma una secuencia de instrucciones precargada en su ordenador de vuelo y emitió una señal que la estación de la Red del Espacio Profundo cercana a Madrid recibió 8 horas y 52 minutos después, confirmando su buen estado. La nave, que sobrevoló Plutón en 2015, sigue alejándose del Sol y estudia desde la Cinturón de Kuiper.
Para sobrevivir en el espacio profundo, la sonda combina un generador termoeléctrico de radioisótopos alimentado por plutonio-238, un procesador Mongoose V de 12 MHz protegido frente a la radiación y dos unidades de estado sólido de 8 GB que almacenan y comprimen los datos antes de su transmisión. Durante la hibernación, buena parte de los sistemas permaneció apagada, aunque el ordenador de a bordo siguió monitorizando el estado y enviando una baliza semanal. Tres instrumentos (SWAP, PEPSSI y el contador Venetia Burney) permanecieron activos para medir partículas, plasma y polvo interestelar.
Antes de este último sueño, New Horizons recibió una actualización de software para adaptarse a la pérdida gradual de potencia eléctrica y al aumento de los tiempos de comunicación, consecuencia del creciente alejamiento respecto a la Tierra.
