La NASA ha descartado salvar al Observatorio Neil Gehrels Swift, un conjunto de telescopios espaciales en caída lenta e inevitable hacia la Tierra. Tras fracasar la misión de rescate lanzada en julio con la nave Link, construida en nueve meses por Katalyst Space, la agencia ha optado por reactivar dos de los tres instrumentos del observatorio, apagados durante meses para frenar su descenso, y aprovechar el tiempo restante para recopilar el mayor volumen posible de datos científicos. La decisión acelera la desorbitación, pero se considera la opción menos mala, ya que el aparato acabará cayendo de todos modos.
Swift fue lanzado en 2004 para estudiar estallidos de rayos gamma, supernovas, erupciones de rayos X y galaxias activas con agujero negro. Sin sistema de propulsión propio, ha ido perdiendo altitud por el rozamiento atmosférico, un proceso agravado por la intensa actividad solar reciente. La NASA estima más del 90% de probabilidad de que se desorbite antes de finales de 2026.
La nave Link despegó el 3 de julio, pero poco después sus ruedas de reacción y el propulsor de gas frío fallaron, dejándola a la deriva. NASA y Katalyst Space dieron la misión por perdida a mediados de agosto. El episodio complica futuros rescates similares, como el planteado para el telescopio Hubble, también en proceso de desorbitación. La mayor parte de Swift se desintegrará al reentrar en la atmósfera, aunque algunos fragmentos podrían sobrevivir y caer al océano.
