En un ensayo publicado en su blog, el inversor y emprendedor Adi propone una tesis provocadora: en la era de la inteligencia artificial, la diferencia entre quien prospera y quien se queda en el camino no estará en la velocidad de construir, sino en la capacidad de confrontar la realidad una y otra vez. El autor describe dos formas de usar la IA: lanzarse a generar productos sin parar —lo que califica como una nueva forma de procrastinación disfrazada de productividad— o dar un paso atrás y dedicar la energía liberada por la IA a los problemas verdaderamente difíciles.
El texto argumenta que muchos fundadores de startups caen en el espejismo de construir durante meses sin hablar con un solo usuario real, usando la IA como coartada para seguir creando sin validar nada. Antes de la IA ya ocurría; ahora, la herramienta lo vuelve más evidente. Construir nunca fue el cuello de botella: lo que sigue siendo difícil —y la IA no resuelve— es asumir riesgos vitales, exponerse públicamente, encajar el rechazo, persistir sin respaldo externo y aceptar ver a otros avanzar mientras uno parece estancado.
Como cierre, Adi invita a cada persona a preguntarse qué impacto quiere dejar, en qué es naturalmente buena y qué proyectos la necesitan de verdad. Su conclusión: el único diferencial que quedará será perseguir la verdad con obstinación, golpeándose la cara con la realidad una y otra vez.
