La IA puede ser la excepción: por qué esta revolución tecnológica sí podría mejorar el trabajo

Fuentes: Most tech revolutions made work worse for employees. AI could be the exception

Aunque anteriores revoluciones tecnológicas —el PC, el correo electrónico, los teléfonos inteligentes— aceleraron el ritmo laboral y beneficiaron más a las empresas que a los empleados, la inteligencia artificial presenta una diferencia estructural: no solo incrementa la velocidad, sino que ejecuta trabajo, incluido el nuevo que genera esa aceleración. La autora sostiene que la IA puede liberar tiempo real y dedicarlo a pensar, crear y colaborar, en lugar de llenar cada hueco con más tareas.

El artículo recorre la historia de las olas previas: la mecanografía eliminó las pools de secretariado, el correo electrónico agilizó la comunicación interna y los dispositivos móviles difuminaron la frontera entre oficina y hogar. En cada caso, la expectativa de producción se duplicó con creces y los trabajadores absorbieron la diferencia sin recuperar el tiempo ganado. La novedad de la IA es que un agente puede redactar respuestas, preparar propuestas o ejecutar tareas netamente nuevas derivadas de la mayor velocidad.

El texto advierte de que la fase actual de adopción es turbulenta, coincide con la llamada curva J de productividad y está provocando sobrecarga. McKinsey estima que, hacia 2030, la IA devolverá a los trabajadores del conocimiento cerca del 30 % de su jornada, unas 2,5 horas diarias. La autora compara el caso con la autoedición de los años noventa, que elevó la calidad sin eliminar la demanda de profesionales con criterio. Defiende que ese tiempo recuperado impulse la calidad, la reflexión y la conversación espontánea, y no se traduzca en más producción rutinaria.