Un análisis reciente publicado en The Bulletin argumenta que la inteligencia artificial no requiere alcanzar la superinteligencia ni poseer intenciones maliciosas para desencadenar una guerra nuclear. El texto, escrito por Paul Slovic y Herbert Lin, señala que la vulnerabilidad principal reside en la fragilidad humana, amplificada por la velocidad y volumen de la información generada por máquinas. Los autores sostienen que los sistemas de IA actuales pueden distorsionar la percepción de los líderes militares, explotando sesgos cognitivos como el 'numbing psíquico', donde las emociones humanas no escalan adecuadamente ante catástrofes masivas.
El artículo cita un experimento de 2026 con casi 3.000 adultos que demostró cómo la comparación de cifras de bajas (100.000 versus 2 millones) alteraba la percepción del riesgo, haciendo que opciones catastróficas parecieran más aceptables en ciertos contextos. Este fenómeno, combinado con la presión temporal de la IA, puede llevar a una espiral de escalada en ejercicios militares o crisis reales, donde la desconfianza y la falta de tiempo para verificar la información aumentan la probabilidad de error. Los expertos concluyen que la solución no es esperar a que la IA sea perfecta, sino implementar salvaguardas institucionales que protejan a los líderes de sus impulsos peores, incluso bajo la presión de la tecnología.
