A pesar de la creciente preocupación pública y de líderes de la industria tecnológica sobre el uso de inteligencia artificial para desarrollar armas biológicas, la mayoría de los científicos y expertos en seguridad consideran que el riesgo real es bajo. Recientes informes de Anthropic y investigaciones de la Universidad de Stanford han intensificado el debate, pero especialistas como David Bellamy y Jason Kelly argumentan que la creación de un virus letal requiere más que solo el diseño genómico asistido por IA. El principal cuello de botella sigue siendo la capacidad física y logística de ensamblar el virus, obtener los fragmentos genéticos necesarios y verificar su viabilidad, procesos que aún requieren intervención humana y recursos físicos. Además, expertos como Derya Unutmaz señalan que incluso si una IA superinteligente lograra liberar un patógeno, la comunidad científica podría desarrollar vacunas rápidamente. No obstante, Olivia Scharfman advierte sobre el riesgo de que actores malintencionados contraten servicios de IA para facilitar estos procesos, mientras que Francois Belloux sostiene que las armas biológicas son metodológicamente menos atractivas que otras formas de violencia masiva. La recomendación generalizada es implementar salvaguardas en los modelos de IA, mejorar la vigilancia global de brotes y regular el acceso a la síntesis de ADN y ARN para mitigar estos riesgos futuros.
